Los datos de encuesta, tomados (recordémoselo una vez más al lector) con las cautelas que imperiosamente reclaman tanto las debilidades intrínsecas del método mismo de encuesta como las especiales características del clima social de Euskadi donde la gente sabe que no es imposible ir a la cárcel por opinar, corroboraron el análisis que hemos hecho del proceso de escisión del PNV en capítulos anteriores.
¿Quiere ello decir que la aparición de EA no ha afectado a HB, que la escisión del PNV no ha afectado a HB? No. En absoluto. Es cierto que EA ha resultado ser un fracaso si se la concibe como un proyecto destinado a absorber, a fagocitar, a reducir los votantes de HB. En ese sentido EA ha defraudado el mismo tipo de esperanzas que tantas veces se han puesto en EE.
Pero si bien EA no ha conseguido «morder» en el electorado de HB si ha cumplido un importante papel respecto de HB. Ha funcionado como «tapón» para evitar que una fracción de los votantes desencantados con el PNV se corriera a HB. En efecto, el PNV ha perdido, en 1986 180.000 de los votantes que le apoyaron en 1984 (concretamente ha obtenido el 30.11.1986 nada menos que 179.972 votos menos que los 451.178 que lograra el 26.2.1984). HB no podía racionalmente esperar captar todos esos votos pero sí había una posibilidad de que entre 60.000 y 80.000 (1os que siguen siendo radicalmente independentistas, independentistas que desean la independencia de Euskadi ya, ahora) hubieran «tragado» el izquierdismo de HB y prefiriendo una Euskadi libre aunque fuera roja hubieran recalado sus votos en el puerto hachebero. No ha sido asi.
Es más, en junio del 86 alrededor de 8.000 votos ex-peneuvistas dieron ya ese paso y votaron HB. En noviembre esos 8.000 regresaron al zurrón de EA. Y HB tuvo que compensar esa «devolución» con su "natural" crecimiento en la bolsa de su reserva de votos: los jóvenes que se incorporan al censo, los jóvenes parados, los abstencionistas que son tan rojos y tan ateos o indiferentes como el votante «moda» de HB y que van siendo convencidos de que votar HB no es colaborar con el sistema sino precisamente combatirlo.
Margarita Ayestaran y yo mismo hemos dedicado meses de trabajo al análisis ecológico a la localización geográfica y por habitat de los votos de los partidos nacionalistas vascos y de los partidos españolistas en Euskadi Sur en las cuatro últimas elecciones. (1984, junio y noviembre de 1986 y 1987). Carezco aquí de espacio para recoger ni una mínima parte de los resultados de ese análisis, que corroboran sólidamente los del análisis dialéctico del proceso de escisión del PNV y los del análisis de las investigaciones por encuesta.
Ahora bien, para que EA haya podido realizar ese papel de «tapón» o de «dique» que contuviera la marcha de votos del PNV a HB ha sido precisa una inevitable radicalización nacionalista de EA. Que deberá mantenerse e incluso incrementarse en el futuro. EA ha tenido que asumir una buena parte del discurso de HB.
Y así EA ha tenido que "mojarse" en la defensa del derecho de autodeterminación del pueblo vasco, en la reivindicación de la aspiración a la reunificación de Euskadi Sur con Euskadi Norte (y por supuesto incluida Navarra), en la reivindicación de la soberanía nacional para Euskadi, etc, etc. Significativamente, EA ha tenido que formular graves criticas al desarrollo estatutario asumiendo muy buena parte de la acusación de HB del fracaso de la vía del Estatuto de Autonomía. Por supuesto, ello ha exigido notables ejercicios de equilibrista en el alambre toda vez que su lider es el firmante y negociador del Estatuto. Ejercicios que Garaikoetxea y EA han salvado de momento con la escolástica distinción de que ellos apoyaron un Estatuto «in fieri» mientras que lo que rechazan es el Estatuto «in acto» que se ha desviado de aquel. Pero lo cierto es que las constantes, permanentes, pertinaces, tenaces y cerradas criticas de HB al Estatuto de Autonomía han dejado de ser voces que clamanen el desierto y se han visto acompañadas por el coro de EA.
Si se contempla esta situación con mirada prospectiva se advierte que el resultado de la evolución previsible se inclina mucho más hacia un incremento de la radicalización independentista de EA que al incremento de la capacidad de EA para robar votos a HB. Y ello por una razón dialéctica evidente que pasamos a exponer.
En efecto. La necesidad de radicalización independentista de EA fue forzada también por la propia evolución endógena del electorado del PNV al que la política de «superoferta» de la campaña del Referéndum para el Estatuto había prometido un oro y un moro claramente escamoteados por el Estado español. Pero además vino exigida por la condición de mínima credibilidad imprescindible para hacer el tapón a la marcha hacia HB. Lo que sucede es que las definiciones sociales de la realidad tienen una dinámica propia que Robert K. Merton definió muy precisamente enunciándola como «la profecía que se cumple a sí misma». Una definición de EA como independentista, una profecía de que EA defenderá la soberanía nacional de Euskadi y su derecho de autodeterminación, ha puesto en marcha una dinámica muy dificilmente parable que empujará a militantes y votantes a comportarse como si fueran independentistas acérrimos.
Mientras que, por el contrario, la misma necesidad de acentuar esa coincidencia con HB forzaba a Garaikoetxea y a su EA a marcar diferencias con HB. Marcándolas precisamente en el campo de la solidaridad con ETA, en el de la asunción de la lucha armada, en el de la conceptuación de las FOP como fuerzas de ocupación. Lo cual consiste precisamente en la inoculación de la mejor vacuna imaginable contra la tentación para un votante de HB de pasarse a EA. Porque, como las manifestaciones de masas de la primera mitad de 1987 han demostrado (entierro y funeral de Txomin, Korrika, Aberri Eguna), el prestigio de ETA, la identificación con ETA, la abierta aclamación de ETA, nunca habían estado tan altos y difundidos en la masa de los votantes de HB como después de la escisión del PNV. Unas páginas mas adelante citaremos un texto de Juan Aranzadi en el que señala que «el rechazo a las Fuerzas de Orden Público ha llegado a convertirse en auténtica marca étnica del pueblo vasco, en criterio delimitador de las fronteras de la comunidad nacionalista hoy hegemónica en la sociedad vasca, configurándse como el mecanismo etnogenético socialmente actuante». Discutible o no esa afirmación, es indiscutible si se refiere a los votantes de HB. Votar HB es, sobre todo, estar con ETA y contra las FOP.
De forma que, cada vez que Garaikoetxea (para poder justificar que le toleren ser independentista de palabra) tiene que descalificar o atacar a ETA, está clavando otro clavo en la barrera que le separa del electorado de HB.
La fórmula «ser tan nacionalistas radicales como HB pero sin tiros» acuñada por Eusko Alkartasuna puede valer para los peneuvistas. Puede atraer peneuvistas desencantados de una política fracasada. Es absolutamente inútil para con los hacheberos, Implica desconocer el papel absolutamente central, absolutamente catalizador, que ejerce la lucha armada de ETA en el «grupo en fusión» que constituye HB. Si alguien lo duda la mejor forma de comprobarlo es que contemple (con sonido) el vídeo del homenaje a Txomin Iturbe. Y que observe ese mar de 50.000 puños acompañando rítmicamente y de forma incansable la aclamación, como un trueno, de tres palabras: ¡GORA ETA MILITARRA!
Cualquier ejercicio prospectivo mínimamente asentado sobre los hechos probados, sobre los hechos filmados, sobre los hechos cuantificados, induce, pues, a afirmar que si bien es posible que EA pueda, por algún tiempo, continuar haciendo de eficaz «tapón» para evitar el corrimiento hacia HB de parte del electorado nacionalista vasco de centro derecha, no va a lograr la disminución del electorado de HB. Y que, incluso para conseguir sólo esto, la estructura dialéctica de su propia situación va a forzar a EA a acercarse al independentismo de HB a la vez que aumenta, por su enfrentamiento a ETA, la imposibilidad de «robar» votos de HB.
NOTAS BIBLIOGRAFICAS DE ESTE CAPITULO
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